El Pequeño Espacio Cultural
Se me ocurrió culturalizar un poco a los nautas que sin escrúpulos insultan a diestra y siniestra, sobre todo en las entradas a las boyas y las largadas. Este es un aporte cultural con el firme propósito de mejorar las relaciones humanas entre las tripulaciones de regata.
Es decir terminemos con las guarangadas Es decir terminemos con el lenguaje soez, burdo, chabacano, grosero, ordinario, tosco.
Los actuales insultos son desagradables y enlutan los encantos de la palabra castellana y además son propinados de la forma más ingrata y poco cordial en un medio donde la cortesía y la caballerosidad debe primar ante todas las cosas.
Por ejemplo:
Andá a la c.... de tu madre
podría ser reemplazado por
Volved al lugar de vuestro nacimiento
Retornad a vuestros orígenes maternales
Regresad al momento y lugar de vuestro alumbramiento
Viejo de M.....
Edad avanzada cubierto de deposición
Estimado veterano hecho de excremento
Qué hacés pelo......
Porqué estáis haciendo eso señor que sufre de testiculitis?
Dejá de romper las p......
Qué estáis logrando con destruir los órganos de reproducción masculinos?
Si uno quisiera propinar un insulto feroz, y que hiera el machismo de algún miembro de la comisión de Regatas por ejemplo, sería suficiente con esputar:
Señor le informo que consigo a buen precio el Viagra
Ud. sabe lo que está haciendo su esposa en este momento?
Porqué no le hace caso al médico y deja de tomar alcohol?, su esposa y nosotros se lo agradeceríamos.
En fin, hoy abrimos el insultador cultural, si algún oyente quisiera aportar algún dato al respecto envíelo por mail y la próxima semana incluiremos en el blog.
También estamos pensando que podríamos hacer algún concurso y elegir el mejor insulto cultural; aunque de hecho es muy difícil competir con nuestros políticos, no?
Mostrando entradas con la etiqueta A la deriva y sin timón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta A la deriva y sin timón. Mostrar todas las entradas
domingo, 10 de agosto de 2008
miércoles, 18 de junio de 2008
Simplemente un Jota
Para aquellos que sentimos al Jota y lo llevamos en la piel
Dedicado a nuestro fiel escudero (Para vos Tadeus) (Adrián Alberto Digilio)
Cuando nos conocimos me desconcertó un poco, abdomen abultado, una gruesa pata, la trompa afinada y corta su cola; sería esta obra del hombre o surgido de algún hechizo de un libro de hadas?. Sería una princesa dormida convertida en barco, o una dama antigua en mármol esculpida por el cincel de algún eximio artista?. Porqué mi imaginación volaba y se regodeaba entre el éxtasis y la emoción?, por un simple velero colgado de una pluma y bajando hasta el agua?...; tal vez, verdad?; pero... el corazón siempre se me paraliza cada vez que la bella dama posa sus pies en el bravo río.
Ése era el barco; quizás el porqué de elegir un “Jota” habría que buscarlo en la conjunción de la elegancia con el vértigo, de la fuerza con el estilo o de la belleza con la gracia. Tal vez, elegirlo implique poseer mágicamente el placer de pertenecer a una de las clases más competitivas del mundo?. Se me ocurre, que tal vez tripular uno de estos veleros podría ser comparable a sentir el primer amor, aquel amor sentido cuando uno apenas comienza a transitar el camino de la vida. No será que aquel objeto se asemeja a una mujer?, a aquella que se ama y no se entiende, a aquella que despierta los sentimientos más increíbles, a aquella que uno recuerda y recordará para siempre?.
Cuál es el sentimiento que desarrolla un nauta con su barco, qué extraño encanto existe alrededor de una cosa inerte y fría, de un objeto inanimado, sin vida, sin sensaciones, sin amores ni odios?.
Un jota no nos saluda cuando llegamos al puerto para navegar, un jota no se pone contento de vernos, un jota no aprendió a mover su timón al recibir a sus navegantes, un jota no pide salir a pasear, ni siquiera puede mirarnos. Pero..., será todo esto verdad o simplemente nuestra incapacidad de percibirlo?, quiere que le confiese algo, yo veo a mi Jota y la emoción invade mis ojos; porqué?, porque sé del sacrificio hecho para poder tenerlo, porque me acuerdo de las veces que nos defendió de situaciones difíciles, porque creo que comparte nuestras alegrías y nuestras tristezas, porque es la persona que nos une a un grupo de amigos, porque sentimos juntos la indescriptible sensación de ganar, porque creo que a veces sí mueve el timón al vernos, porque hasta se parece a un corcel esbelto y orgulloso cuando luce arriba de su trailer, porque estoy seguro que le encanta navegar, porque siento cuando desea correr y trepar por las olas..., porque hasta parece que nos hablara cuando nos falta la calma, porque parece que intenta guiarnos cuando el rumbo no es correcto, porque gusta de la libertad, porque derrocha talento al desplazarse, porque....; por tantos motivos, sabe qué?, yo no me animo a pensar que es simplemente un objeto, prefiero pensar en que nuestros jotas tienen alma. Ud. podría imaginar qué tipo de alma puede tener un pura sangre?; imagine por un instante, piense a medida que lee estas líneas qué tipo de alma tiene este barco; será la de un bravo guerrero, será la de un deportista obstinado, será la de un idealista sin juicio, será la de un talentoso músico, o será la de un loco feliz ...; pudo imaginarlo?; bien, si ha podido hacerlo, ya le ha asignado a su J24 la maravillosa gracia de pertenecer a los seres, no sólo vivos, si no también humanos; y en consecuencia capaces de sentir, de amar, de querer, de odiar, de expresarse y de hablar; sólo le queda ahora interpretar de qué manera hacen todo esto; yo por suerte ya aprendí, pero no lo puedo compartir, porque?, porque él me pidió que guardemos el secreto.
Dedicado a nuestro fiel escudero (Para vos Tadeus) (Adrián Alberto Digilio)
Cuando nos conocimos me desconcertó un poco, abdomen abultado, una gruesa pata, la trompa afinada y corta su cola; sería esta obra del hombre o surgido de algún hechizo de un libro de hadas?. Sería una princesa dormida convertida en barco, o una dama antigua en mármol esculpida por el cincel de algún eximio artista?. Porqué mi imaginación volaba y se regodeaba entre el éxtasis y la emoción?, por un simple velero colgado de una pluma y bajando hasta el agua?...; tal vez, verdad?; pero... el corazón siempre se me paraliza cada vez que la bella dama posa sus pies en el bravo río.
Ése era el barco; quizás el porqué de elegir un “Jota” habría que buscarlo en la conjunción de la elegancia con el vértigo, de la fuerza con el estilo o de la belleza con la gracia. Tal vez, elegirlo implique poseer mágicamente el placer de pertenecer a una de las clases más competitivas del mundo?. Se me ocurre, que tal vez tripular uno de estos veleros podría ser comparable a sentir el primer amor, aquel amor sentido cuando uno apenas comienza a transitar el camino de la vida. No será que aquel objeto se asemeja a una mujer?, a aquella que se ama y no se entiende, a aquella que despierta los sentimientos más increíbles, a aquella que uno recuerda y recordará para siempre?.
Cuál es el sentimiento que desarrolla un nauta con su barco, qué extraño encanto existe alrededor de una cosa inerte y fría, de un objeto inanimado, sin vida, sin sensaciones, sin amores ni odios?.
Un jota no nos saluda cuando llegamos al puerto para navegar, un jota no se pone contento de vernos, un jota no aprendió a mover su timón al recibir a sus navegantes, un jota no pide salir a pasear, ni siquiera puede mirarnos. Pero..., será todo esto verdad o simplemente nuestra incapacidad de percibirlo?, quiere que le confiese algo, yo veo a mi Jota y la emoción invade mis ojos; porqué?, porque sé del sacrificio hecho para poder tenerlo, porque me acuerdo de las veces que nos defendió de situaciones difíciles, porque creo que comparte nuestras alegrías y nuestras tristezas, porque es la persona que nos une a un grupo de amigos, porque sentimos juntos la indescriptible sensación de ganar, porque creo que a veces sí mueve el timón al vernos, porque hasta se parece a un corcel esbelto y orgulloso cuando luce arriba de su trailer, porque estoy seguro que le encanta navegar, porque siento cuando desea correr y trepar por las olas..., porque hasta parece que nos hablara cuando nos falta la calma, porque parece que intenta guiarnos cuando el rumbo no es correcto, porque gusta de la libertad, porque derrocha talento al desplazarse, porque....; por tantos motivos, sabe qué?, yo no me animo a pensar que es simplemente un objeto, prefiero pensar en que nuestros jotas tienen alma. Ud. podría imaginar qué tipo de alma puede tener un pura sangre?; imagine por un instante, piense a medida que lee estas líneas qué tipo de alma tiene este barco; será la de un bravo guerrero, será la de un deportista obstinado, será la de un idealista sin juicio, será la de un talentoso músico, o será la de un loco feliz ...; pudo imaginarlo?; bien, si ha podido hacerlo, ya le ha asignado a su J24 la maravillosa gracia de pertenecer a los seres, no sólo vivos, si no también humanos; y en consecuencia capaces de sentir, de amar, de querer, de odiar, de expresarse y de hablar; sólo le queda ahora interpretar de qué manera hacen todo esto; yo por suerte ya aprendí, pero no lo puedo compartir, porque?, porque él me pidió que guardemos el secreto.
Los Problemas del Movimiento de un Velero
.
Como todos sabemos, un barco posee varios movimientos que podemos describir de la siguiente manera (poco náutica por cierto) 1- Proa arriba y abajo, 2- Popa arriba y abajo, 3- Proa de izquierda a derecha, 4- Popa de izquierda a derecha, 5- el timonel cuando toma o come algo mientras timonea, 6- el bamboleo del palo, 7- Las viradas controladas y las descontroladas, 8- las trabuchadas innecesarias y las necesarias, 9- los golpes del Spinnaker inflándose o desinflándose, 10- Vela de proa dando vueltas, 11- los golpes de los genoas, 12- barrenadas de olas, etc. etc.; ah! por supuesto todo lo dicho con barco escorado vale doble.
Es muy probable que en tanto movimiento cualquier persona que no ame a la náutica o no la conozca, crea que esto se trata de un Zamba alocado del parque de diversiones de una película de terror, o bien una licuadora de última generación.
Y si, no está muy lejos de la verdad; todo esto y mucho más nos ocurre en un viaje largo, esos en que uno pasa alrededor de 50 o 60 horas como mínimo arriba de la coctelera acuática; por ejemplo de Mardel a Buenos Aires.
Iniciamos nuestro viaje imaginario un viernes a la noche (bien de noche) con un mar calmo, olas de 1,5 metros y viento de trompa, bien de trompa. Así comenzaba un derrotero que de no ser por la cola de un pampero todavía estaríamos en el faro de Punta Médanos tirando bordes y tratando de errarle a las rompientes y al bajo que allí existe.
Lo primero que hicimos, como corresponde, es cenar muy bien, tan bien cenamos que estabamos para hacer "noni noni" en un cómodo hotel costero y no viajar en un 35 pies.
Ahaaaa pero estabamos zarpando, vamos mis valientes, los 7 marineros salimos conmovidos por la noche estrellada y los 20 nudos de "jeta" (dícese del viento cuando proviene de la dirección donde uno casualmente tiene que ir) que a las 2 horas de viaje ya resultaba molesto.
Da inicio el relato del intento de dormir en la proa de un 35 pies con viento de proa (dícese del viento caprichoso y jodido que proviene, casualmente de la dirección donde uno tiene que ir): Primer ola: El tipo intentó subir a la cucheta doble de proa y erró el manijazo; sin sostenerse de lado alguno efectuó una pirueta extraña y cayó de popa al piso sumando de esta manera la primer magulladura de la fecha. Segunda ola: Lo que ya parecía gracioso se tornó molesto cuando el tipo nuevamente intentó subirse a la cama; obvio con la experiencia de la primera ola, esperó que el barco subiera la pertinente masa de agua y de un salto subió a la cama. Tercer ola: Ya en la cama con un canto (dícese de una de las nalgas de la parte trasera de un ser humano) en el aire, trató de acomodarse entre todos los bolsos, velas, algún que otro salvavidas y sabe Dios que otras cosas había en esa proa.
Había que desarmar la bolsa de dormir, y saben qué, la bolsa de dormir que correspondía a este tripulante estaba estibada en un pañol de popa. Qué bárbaro...... casi al borde del llanto, bajó de la cama y la Cuarta ola hizo que se golpeara la cabeza con el techo y a su vez que se apagara la luz del pasillo. Ahora estaba feliz; no encontraba la bolsa de dormir, estaba golpeado como cualquier contrincante de Muhamed Alí en sus mejores años de pelea, a oscuras como Edesur en crisis, y para mejor tenía que hacer "pis"; sí, si, si tenía que hacer "pis" (dícese del acto de cualquier ser humano que debe orinar, es decir despojarse del líquido innecesario para el cuerpo, en fin...... mear).
Baño de un 35 pies "definición": lugar más incómodo que la m..... , donde existe un inodoro como para el culito de un picaflor, una piletita como para lavarse las uñas, un antipático tambucho que nunca funciona y la maldita bomba de agua que vacía y llena el inodorito.
Entro al baño y apunto al inodorito, obvio ya adivinó no es cierto; primer chorrito al corner y a contener esfinteres y limpiar. Segundo chorrito a la otra punta, otra vez a contener y limpiar. Tercer chorrito un doble al estilo Michael Jordan en la NBA. En fin, tanto se movía el desgraciado velero que intenté copiar a las damas y..... y bueno a agacharse bajarse los pantalones y agarrarse como pueda. Apreciará el lector que a esta altura de los acontecimientos las ganas de hacer "pis" eran tan grandes que obviamente no salía ni una miserable gotita. Concentración, eso es, necesito concentración pensé, mucha concentración, y ahora sí entre ola y ola logré en el tiempo record de 15 minutos 20 segundos hacer "pis". Me subí los pantalones y me paré (no sin antes el pequeño frentazo a la puerta que está siempre a aproximadamente 20 cm. de la cabeza en todo momento).
Bien, ya estaba más calmado, pero en el inodoro había como para hacer 342 análisis de orina y aparecer en el libro de los Guiness; así que manos a la obra y a trabajar, a darle duro a la manija de agua. Claro es una bomba a presión y normalmente no andan muy bien que digamos, así que la manguera que succiona agua desde el exterior se convirtió en un notable y moderno bidé el cual con furia inusitada lavó mi cara sin piedad alguna. Ahhh pero logré alivianar el líquido mencionado luego de una furiosa lucha entre la bomba y yo; lucha que obviamente ganó la bomba.
Mojado, sin bolsa de dormir, con frío, sin luz y cansado, decidí emprender la aventura de subir a la cama nuevamente y taparme con lo que encontraba al paso (camperas, trajes de agua, calzoncillo usado, remera agujereada, etc., etc.).
Almohada; no tenía almohadas; yo no puedo dormir sin almohadas así que a juntar ropa se ha dicho, usando una campera como funda logré incorporarle los siguientes elementos: medias con y sin uso, corpiños de quien sabe quien y cuando fue su último uso, alguna toalla húmeda, una bolsa de spinnaker y ya estaba listo para estropear cervicales.
El barco saltaba literalmente y cuando caía provocaba un estruendoso golpe y volvía a subir; esto es, Ud. nunca durmió en un ascensor descompuesto o en un moderno simulador de esos que hacen parecer a las viejas montañas rusas a un paseo por el bosque; noooo?..... ah no sabe lo que se pierde. Es más divertido que gritar un gol de Independiente en la tribuna de Racing, es más excitante que pelear con un peso pesado, es más alucinante que hacer el amor con un orangután y es más jodido que hacer popó en un frasquito.
Lo mejor de todo es que dormí un poquitito mientras el barco seguía con el viento de cara (dícese del fucking viento cuando proviene de la recontrap..... dirección donde uno casualmente tiene que ir y la p... que lo p.....).
En eso una voz sonora casi maternal me dijo, no sin antes arrojarme un arnés por la cabeza, ....Cheeeeeee te toca hacer guardia. Ohhhh !!! servicio militar, que ha pasado, volvió la dictadura; tengo sueño, son las 4 de la madrugada. Nada de mis insultos o intentos de pelea conmovieron a aquel tripulante que me obligaba a iniciar una dura jornada de timoneo; eso sí para vengarme el fiel navío gambeteó una última olita y aquel malvado tripulante fue duramente golpeado en sus benditos cuernos.
Me levanté y con gran espíritu de equipo pregunté a la gente que estaba en el cockpit en ese momento: Quieren algo de tomar o comer ????. Para qué hice eso, me convertí en un mozo del Empire State. Subí y bajé la escalerita unas 128 veces con distintos bocados y tragos. Pero ahhhh! había que hacer mate; mate si, si, mate una simple infusión dentro de un recipiente que los hermanos Uruguayos poseen a manera de forúnculo entre los dedos. Hacer un simple mate no pareció una tarea que requiriera un nivel intelectual supremo; pero lo cierto es que nunca pensé que podía ser el trabajo de un trapecista. Al mejor estilo de futbol procedo a relatar el partido del mate versus quien les habla: Al descubrir el lugar donde se encontraba el mate ya estaba ganando 1 a 0, ole mate ya te tengo, en ese instante el barco escoró y adiós mate. Sin prender luces que molestaran a la tripulación y con la ayuda invalorable de mi linterna a buscar se ha dicho. Allí pensé en mi primer invento el mate con música, vió como los llaveros que poseen un sensor que cuando uno silba el llaverito contesta con un sonido viru, viru, viru; bueno yo quiero un mate que tenga estas condiciones para navegar.
Mateeee!, Mateeee! y nada che; hasta que solito apareció en el siguiente banquinazo; ahora tenía el mate el que hay que completar con la yerba correspondiente que por supuesto se volcó por motivos de impracticidad humana (solamente poseemos dos manos); una mano sostenía el mate y con la otra el paquete de yerba (bien llenito); me quieren decir con qué c.....(instrumento) me agarro; así que a la m..... (se cayó) el mate, la yerba y yo.
Hasta acá el mate ganaba 3 a 1 y yo no tenía posibilidades de empatar el partido. Suerte que no cuento cuando puse el agua en la cocina, puesto que a partir de tanta inutilidad apareció un alma salvadora y me sacó la responsabilidad de la tediosa tarea simplemente por temor a que yo padeciera quemaduras de 2° grado.
De a poco me iba acercando al timón y con ello culminando mi labor de servidumbre. Ahora estaba en el timón. Ahaaaaa ahora podía pedir yo, ahora era el amo del bote, ahora podía pedir que cacen velas o que filen la mayor o tomar agua, o verificar la posición en la carta; y saben qué NADA. De a poquito fui quedando solito, excepto por el capitán de la nave que salía cada tanto a verificar si yo dormía.
El día se había impuesto ya, y no aparecía ningún tripulante; ya casi teníamos el apodo de barco fantasma, pero eso sí el vientito seguía de frente (dícese del recontramaldito viento cuando proviene extrañamente del lugar a donde c......... queremos ir).
Hecha ya la tarde, y luego de comer al mejor estilo cabernario; una extraña calma se apoderó del mar. Negra se ponía la cosa y una formación de nubes presagiaba un hermoso temporal; estos son los momentos en que uno se pregunta que hago aquí en este preciso instante; son los momentos en que se aprietan los dientes hasta el punto de quebrar los molares y la sangre fluye con violencia por todo el torrente sanguíneo; son los momentos en que sale el hombre que hay dentro de cada navegante y uno se acuerda de ....... Mamaaaaaaaaaaa!
Al grito de abajo la mayor, el viento nos dio su primer cachetazo y a partir de allí los 35 nudos, como mínimo, de viento del sudoeste quedaron fijos como rulo de estatua.
Ahora teníamos el viento de aleta, con olas de 3 metros mínimo y unas barrenadas de la recontrasamp........ (bárbaras). Así fue como pasamos del Zamba al Barco Pirata (que es ese aparato torturante con movimiento de bascula que toma velocidad y a uno el estómago se le retuerce como si hubiera desayunado con 5 jarras de Vodka y un chorrito de naranja.
Y allá íbamos, un poco volando y a veces tocando el agua a una velocidad de 10 nudos permanentes con solamente el genoa 3 en proa sintiéndonos dignos tripulantes de algún 60 pies de la Whitbread. Cuando pasó el cag......(dícese del temor que se siente cuando ocurren determinados hechos que hacen que uno apriete los glúteos al extremo), y nos estabilizamos barco y tripulación (fundamentalmente tripulación), veníamos ya disfrutando del "pamperito" y como ya caía la noche algunos se fueron a dormir o a preparar algún que otro bocadillo; bueno, no mucho puesto que para comer con semejante kilombo hay que tener estómago de fierro o haber hecho un curso de astronauta en la NASA.
A la madrugada siguiente y con los mismos 30 a 40 nudos de viento, comenzó para uno de los tripulantes una gran Odisea; una más de las tantas provocadas por los benditos movimientos de un velero. Resulta que al pobre muchacho se le ocurrió....., bueno Ud. señor lector ya sabe lo que se le pudo ocurrir; entonces con un pequeño dolorcillo de panzita intentó ir al baño del barco. (véase definición de baño de un velero en los párrafos anteriores).
Todo empezó entonces con los golpes de rigor, cabeza, tronco y extremidades, hasta que la víctima pudo despojarse de parte de su ropa íntima. Para no molestar al resto de la tripulación intentaba no hacer ni el menor movimiento, pobre, ni a toser se animaba (para cubrir otros ruidos más avergonzantes). Imposible, era imposible, según él mismo contaba con posterioridad; comenzó a transpirar, sentir calor, molesto porque a esta altura del viaje el baño no era precisamente el de un five star y obsesivamente esforzado por,........, por no poder; volvió a calzarse su ropa y salió del baño cuan preso aislado en campo de concentración y le contó al timonel de turno sus peripecias y lo simple que era en su casa o en la oficina este tipo de inconvenientes. Sentado en el balcón o sobre la popa que te parece, fue la primer solución rápida que propuso el avezado timonel. Lo intentó, pero,......, no, no puedo, no puedoooooo, repetía ya con vos nerviosa e impaciente y suplicaba alguna solución inmediata ya que el desenlace era inminente y fatal.
Pañales, no tenés pañales, le comentó como nueva alternativa el timonel; que luego del insulto pertinente y al darse cuenta que la situación se tornaba insostenible, le propuso un nuevo intento, el balde; qué?, respondió el desesperanzado hombre, en el balde? y aquí en el cockpit? ; y...... sí respondió temerosamente el improvisado capitán. Allá fue el balde y aunque se corría con persistencia hacia los lados, el valiente tripulante finalmente pudo y ganó una dura batalla pero no la guerra; el mar habría de cobrar otra víctima, ya que al querer lavar aquel excelso utensilio una ola le arrebató hasta el cabo de las manos. Recordemos entonces y que en paz descanse el notable balde que salvó a nuestro tripulante de la más humillante derrota; y gracias muchas gracias a los fabricantes de plástico de nuestro país y a los proveedores de tan poderosa arma.
Así que viendo el éxito obtenido y como dentro de los elementos de seguridad para navegar figura el balde, yo le recomiendo estimado lector que se olvide de las bengalas, de los arneses de seguridad, de alguna que otra linterna, del hacha, del polvo naranja, etc., etc. pero nunca se olvide del glorioso balde (lleve dos o tres) puesto que además de achicar en caso de hacer agua, sirve además para lo que hemos presenciado y quién sabe para cuantas cosas más.
Luego de tantas peripecias y cansados por el dichoso movimiento de este viaje, cualquiera de nosotros dormía al mejor estilo murciélago, colgado de cualquier tambucho, incrustado en una cuaderna, atado al mástil, de pié, sentado, etc.; por lo cual se podría obtener la siguiente conclusión: Mucho movimiento es directamente proporcional a un cansancio extremo e inversamente proporcional a los actos que impliquen ingreso o egreso de comida de nuestro cuerpo.
Felizmente concluyó nuestro viaje sin mayores inconvenientes y todos los tripulantes excepto el balde, llegamos a buen puerto, el del Náutico Quilmes.
Toda similitud con algún viaje efectuado por cualquier tripulación en los últimos tiempos es pura coincidencia. Dejo además constancia que me reservo todos los derechos a contestar cualquier demanda judicial y que no acepto ningún reto a duelo.
Viva el baldeeeeeeee!!!!!!
Adrián Alberto Digilio
Como todos sabemos, un barco posee varios movimientos que podemos describir de la siguiente manera (poco náutica por cierto) 1- Proa arriba y abajo, 2- Popa arriba y abajo, 3- Proa de izquierda a derecha, 4- Popa de izquierda a derecha, 5- el timonel cuando toma o come algo mientras timonea, 6- el bamboleo del palo, 7- Las viradas controladas y las descontroladas, 8- las trabuchadas innecesarias y las necesarias, 9- los golpes del Spinnaker inflándose o desinflándose, 10- Vela de proa dando vueltas, 11- los golpes de los genoas, 12- barrenadas de olas, etc. etc.; ah! por supuesto todo lo dicho con barco escorado vale doble.
Es muy probable que en tanto movimiento cualquier persona que no ame a la náutica o no la conozca, crea que esto se trata de un Zamba alocado del parque de diversiones de una película de terror, o bien una licuadora de última generación.
Y si, no está muy lejos de la verdad; todo esto y mucho más nos ocurre en un viaje largo, esos en que uno pasa alrededor de 50 o 60 horas como mínimo arriba de la coctelera acuática; por ejemplo de Mardel a Buenos Aires.
Iniciamos nuestro viaje imaginario un viernes a la noche (bien de noche) con un mar calmo, olas de 1,5 metros y viento de trompa, bien de trompa. Así comenzaba un derrotero que de no ser por la cola de un pampero todavía estaríamos en el faro de Punta Médanos tirando bordes y tratando de errarle a las rompientes y al bajo que allí existe.
Lo primero que hicimos, como corresponde, es cenar muy bien, tan bien cenamos que estabamos para hacer "noni noni" en un cómodo hotel costero y no viajar en un 35 pies.
Ahaaaa pero estabamos zarpando, vamos mis valientes, los 7 marineros salimos conmovidos por la noche estrellada y los 20 nudos de "jeta" (dícese del viento cuando proviene de la dirección donde uno casualmente tiene que ir) que a las 2 horas de viaje ya resultaba molesto.
Da inicio el relato del intento de dormir en la proa de un 35 pies con viento de proa (dícese del viento caprichoso y jodido que proviene, casualmente de la dirección donde uno tiene que ir): Primer ola: El tipo intentó subir a la cucheta doble de proa y erró el manijazo; sin sostenerse de lado alguno efectuó una pirueta extraña y cayó de popa al piso sumando de esta manera la primer magulladura de la fecha. Segunda ola: Lo que ya parecía gracioso se tornó molesto cuando el tipo nuevamente intentó subirse a la cama; obvio con la experiencia de la primera ola, esperó que el barco subiera la pertinente masa de agua y de un salto subió a la cama. Tercer ola: Ya en la cama con un canto (dícese de una de las nalgas de la parte trasera de un ser humano) en el aire, trató de acomodarse entre todos los bolsos, velas, algún que otro salvavidas y sabe Dios que otras cosas había en esa proa.
Había que desarmar la bolsa de dormir, y saben qué, la bolsa de dormir que correspondía a este tripulante estaba estibada en un pañol de popa. Qué bárbaro...... casi al borde del llanto, bajó de la cama y la Cuarta ola hizo que se golpeara la cabeza con el techo y a su vez que se apagara la luz del pasillo. Ahora estaba feliz; no encontraba la bolsa de dormir, estaba golpeado como cualquier contrincante de Muhamed Alí en sus mejores años de pelea, a oscuras como Edesur en crisis, y para mejor tenía que hacer "pis"; sí, si, si tenía que hacer "pis" (dícese del acto de cualquier ser humano que debe orinar, es decir despojarse del líquido innecesario para el cuerpo, en fin...... mear).
Baño de un 35 pies "definición": lugar más incómodo que la m..... , donde existe un inodoro como para el culito de un picaflor, una piletita como para lavarse las uñas, un antipático tambucho que nunca funciona y la maldita bomba de agua que vacía y llena el inodorito.
Entro al baño y apunto al inodorito, obvio ya adivinó no es cierto; primer chorrito al corner y a contener esfinteres y limpiar. Segundo chorrito a la otra punta, otra vez a contener y limpiar. Tercer chorrito un doble al estilo Michael Jordan en la NBA. En fin, tanto se movía el desgraciado velero que intenté copiar a las damas y..... y bueno a agacharse bajarse los pantalones y agarrarse como pueda. Apreciará el lector que a esta altura de los acontecimientos las ganas de hacer "pis" eran tan grandes que obviamente no salía ni una miserable gotita. Concentración, eso es, necesito concentración pensé, mucha concentración, y ahora sí entre ola y ola logré en el tiempo record de 15 minutos 20 segundos hacer "pis". Me subí los pantalones y me paré (no sin antes el pequeño frentazo a la puerta que está siempre a aproximadamente 20 cm. de la cabeza en todo momento).
Bien, ya estaba más calmado, pero en el inodoro había como para hacer 342 análisis de orina y aparecer en el libro de los Guiness; así que manos a la obra y a trabajar, a darle duro a la manija de agua. Claro es una bomba a presión y normalmente no andan muy bien que digamos, así que la manguera que succiona agua desde el exterior se convirtió en un notable y moderno bidé el cual con furia inusitada lavó mi cara sin piedad alguna. Ahhh pero logré alivianar el líquido mencionado luego de una furiosa lucha entre la bomba y yo; lucha que obviamente ganó la bomba.
Mojado, sin bolsa de dormir, con frío, sin luz y cansado, decidí emprender la aventura de subir a la cama nuevamente y taparme con lo que encontraba al paso (camperas, trajes de agua, calzoncillo usado, remera agujereada, etc., etc.).
Almohada; no tenía almohadas; yo no puedo dormir sin almohadas así que a juntar ropa se ha dicho, usando una campera como funda logré incorporarle los siguientes elementos: medias con y sin uso, corpiños de quien sabe quien y cuando fue su último uso, alguna toalla húmeda, una bolsa de spinnaker y ya estaba listo para estropear cervicales.
El barco saltaba literalmente y cuando caía provocaba un estruendoso golpe y volvía a subir; esto es, Ud. nunca durmió en un ascensor descompuesto o en un moderno simulador de esos que hacen parecer a las viejas montañas rusas a un paseo por el bosque; noooo?..... ah no sabe lo que se pierde. Es más divertido que gritar un gol de Independiente en la tribuna de Racing, es más excitante que pelear con un peso pesado, es más alucinante que hacer el amor con un orangután y es más jodido que hacer popó en un frasquito.
Lo mejor de todo es que dormí un poquitito mientras el barco seguía con el viento de cara (dícese del fucking viento cuando proviene de la recontrap..... dirección donde uno casualmente tiene que ir y la p... que lo p.....).
En eso una voz sonora casi maternal me dijo, no sin antes arrojarme un arnés por la cabeza, ....Cheeeeeee te toca hacer guardia. Ohhhh !!! servicio militar, que ha pasado, volvió la dictadura; tengo sueño, son las 4 de la madrugada. Nada de mis insultos o intentos de pelea conmovieron a aquel tripulante que me obligaba a iniciar una dura jornada de timoneo; eso sí para vengarme el fiel navío gambeteó una última olita y aquel malvado tripulante fue duramente golpeado en sus benditos cuernos.
Me levanté y con gran espíritu de equipo pregunté a la gente que estaba en el cockpit en ese momento: Quieren algo de tomar o comer ????. Para qué hice eso, me convertí en un mozo del Empire State. Subí y bajé la escalerita unas 128 veces con distintos bocados y tragos. Pero ahhhh! había que hacer mate; mate si, si, mate una simple infusión dentro de un recipiente que los hermanos Uruguayos poseen a manera de forúnculo entre los dedos. Hacer un simple mate no pareció una tarea que requiriera un nivel intelectual supremo; pero lo cierto es que nunca pensé que podía ser el trabajo de un trapecista. Al mejor estilo de futbol procedo a relatar el partido del mate versus quien les habla: Al descubrir el lugar donde se encontraba el mate ya estaba ganando 1 a 0, ole mate ya te tengo, en ese instante el barco escoró y adiós mate. Sin prender luces que molestaran a la tripulación y con la ayuda invalorable de mi linterna a buscar se ha dicho. Allí pensé en mi primer invento el mate con música, vió como los llaveros que poseen un sensor que cuando uno silba el llaverito contesta con un sonido viru, viru, viru; bueno yo quiero un mate que tenga estas condiciones para navegar.
Mateeee!, Mateeee! y nada che; hasta que solito apareció en el siguiente banquinazo; ahora tenía el mate el que hay que completar con la yerba correspondiente que por supuesto se volcó por motivos de impracticidad humana (solamente poseemos dos manos); una mano sostenía el mate y con la otra el paquete de yerba (bien llenito); me quieren decir con qué c.....(instrumento) me agarro; así que a la m..... (se cayó) el mate, la yerba y yo.
Hasta acá el mate ganaba 3 a 1 y yo no tenía posibilidades de empatar el partido. Suerte que no cuento cuando puse el agua en la cocina, puesto que a partir de tanta inutilidad apareció un alma salvadora y me sacó la responsabilidad de la tediosa tarea simplemente por temor a que yo padeciera quemaduras de 2° grado.
De a poco me iba acercando al timón y con ello culminando mi labor de servidumbre. Ahora estaba en el timón. Ahaaaaa ahora podía pedir yo, ahora era el amo del bote, ahora podía pedir que cacen velas o que filen la mayor o tomar agua, o verificar la posición en la carta; y saben qué NADA. De a poquito fui quedando solito, excepto por el capitán de la nave que salía cada tanto a verificar si yo dormía.
El día se había impuesto ya, y no aparecía ningún tripulante; ya casi teníamos el apodo de barco fantasma, pero eso sí el vientito seguía de frente (dícese del recontramaldito viento cuando proviene extrañamente del lugar a donde c......... queremos ir).
Hecha ya la tarde, y luego de comer al mejor estilo cabernario; una extraña calma se apoderó del mar. Negra se ponía la cosa y una formación de nubes presagiaba un hermoso temporal; estos son los momentos en que uno se pregunta que hago aquí en este preciso instante; son los momentos en que se aprietan los dientes hasta el punto de quebrar los molares y la sangre fluye con violencia por todo el torrente sanguíneo; son los momentos en que sale el hombre que hay dentro de cada navegante y uno se acuerda de ....... Mamaaaaaaaaaaa!
Al grito de abajo la mayor, el viento nos dio su primer cachetazo y a partir de allí los 35 nudos, como mínimo, de viento del sudoeste quedaron fijos como rulo de estatua.
Ahora teníamos el viento de aleta, con olas de 3 metros mínimo y unas barrenadas de la recontrasamp........ (bárbaras). Así fue como pasamos del Zamba al Barco Pirata (que es ese aparato torturante con movimiento de bascula que toma velocidad y a uno el estómago se le retuerce como si hubiera desayunado con 5 jarras de Vodka y un chorrito de naranja.
Y allá íbamos, un poco volando y a veces tocando el agua a una velocidad de 10 nudos permanentes con solamente el genoa 3 en proa sintiéndonos dignos tripulantes de algún 60 pies de la Whitbread. Cuando pasó el cag......(dícese del temor que se siente cuando ocurren determinados hechos que hacen que uno apriete los glúteos al extremo), y nos estabilizamos barco y tripulación (fundamentalmente tripulación), veníamos ya disfrutando del "pamperito" y como ya caía la noche algunos se fueron a dormir o a preparar algún que otro bocadillo; bueno, no mucho puesto que para comer con semejante kilombo hay que tener estómago de fierro o haber hecho un curso de astronauta en la NASA.
A la madrugada siguiente y con los mismos 30 a 40 nudos de viento, comenzó para uno de los tripulantes una gran Odisea; una más de las tantas provocadas por los benditos movimientos de un velero. Resulta que al pobre muchacho se le ocurrió....., bueno Ud. señor lector ya sabe lo que se le pudo ocurrir; entonces con un pequeño dolorcillo de panzita intentó ir al baño del barco. (véase definición de baño de un velero en los párrafos anteriores).
Todo empezó entonces con los golpes de rigor, cabeza, tronco y extremidades, hasta que la víctima pudo despojarse de parte de su ropa íntima. Para no molestar al resto de la tripulación intentaba no hacer ni el menor movimiento, pobre, ni a toser se animaba (para cubrir otros ruidos más avergonzantes). Imposible, era imposible, según él mismo contaba con posterioridad; comenzó a transpirar, sentir calor, molesto porque a esta altura del viaje el baño no era precisamente el de un five star y obsesivamente esforzado por,........, por no poder; volvió a calzarse su ropa y salió del baño cuan preso aislado en campo de concentración y le contó al timonel de turno sus peripecias y lo simple que era en su casa o en la oficina este tipo de inconvenientes. Sentado en el balcón o sobre la popa que te parece, fue la primer solución rápida que propuso el avezado timonel. Lo intentó, pero,......, no, no puedo, no puedoooooo, repetía ya con vos nerviosa e impaciente y suplicaba alguna solución inmediata ya que el desenlace era inminente y fatal.
Pañales, no tenés pañales, le comentó como nueva alternativa el timonel; que luego del insulto pertinente y al darse cuenta que la situación se tornaba insostenible, le propuso un nuevo intento, el balde; qué?, respondió el desesperanzado hombre, en el balde? y aquí en el cockpit? ; y...... sí respondió temerosamente el improvisado capitán. Allá fue el balde y aunque se corría con persistencia hacia los lados, el valiente tripulante finalmente pudo y ganó una dura batalla pero no la guerra; el mar habría de cobrar otra víctima, ya que al querer lavar aquel excelso utensilio una ola le arrebató hasta el cabo de las manos. Recordemos entonces y que en paz descanse el notable balde que salvó a nuestro tripulante de la más humillante derrota; y gracias muchas gracias a los fabricantes de plástico de nuestro país y a los proveedores de tan poderosa arma.
Así que viendo el éxito obtenido y como dentro de los elementos de seguridad para navegar figura el balde, yo le recomiendo estimado lector que se olvide de las bengalas, de los arneses de seguridad, de alguna que otra linterna, del hacha, del polvo naranja, etc., etc. pero nunca se olvide del glorioso balde (lleve dos o tres) puesto que además de achicar en caso de hacer agua, sirve además para lo que hemos presenciado y quién sabe para cuantas cosas más.
Luego de tantas peripecias y cansados por el dichoso movimiento de este viaje, cualquiera de nosotros dormía al mejor estilo murciélago, colgado de cualquier tambucho, incrustado en una cuaderna, atado al mástil, de pié, sentado, etc.; por lo cual se podría obtener la siguiente conclusión: Mucho movimiento es directamente proporcional a un cansancio extremo e inversamente proporcional a los actos que impliquen ingreso o egreso de comida de nuestro cuerpo.
Felizmente concluyó nuestro viaje sin mayores inconvenientes y todos los tripulantes excepto el balde, llegamos a buen puerto, el del Náutico Quilmes.
Toda similitud con algún viaje efectuado por cualquier tripulación en los últimos tiempos es pura coincidencia. Dejo además constancia que me reservo todos los derechos a contestar cualquier demanda judicial y que no acepto ningún reto a duelo.
Viva el baldeeeeeeee!!!!!!
Adrián Alberto Digilio
Suscribirse a:
Entradas (Atom)