miércoles, 18 de junio de 2008

Regata Colon 99 - Argentina-Uruguay

CRONICAS JOTIANAS COLONIENSES (VOLUMEN COLON 99)

(by Adrián Alberto Digilio - Tadeus)


Qué es la Regata Colon 99?, un deporte social, un fenómeno social, un deporte socializado, un fenómeno social deportizado, una Regata más a Colonia?; o tal vez, simplemente sea el gustoso sueño de un hombre que ama a la náutica?.
La verdad es que no importa definir con precisión centesimal un acontecimiento que nos permite hacer lo que más nos gusta, y como si fuera poco, disfrutar del juego que ya se ha convertido en un clásico Río Platense, la COLON.

Pero estas crónicas no están para describir el éxito de la empresa, sino para contar lo que pasó y se vivió desde la óptica de un participante, y en particular de la clase J24.

El clima venía pasando del calor primaveral al frío polar, y como si esto ya no fuera suficiente molestia, el Dios Eolo puso su cuota de adrenalina soplando del sur sur oeste cada vez más fuerte a medida que iba transcurriendo la Regata.
Hacía frío, pero mucho frío, pero muchísimo frío, de esos que te congelan hasta las orejas y que además te hace hablar como si te faltaran las cuerdas vocales o te hubieras convertido en tartamudo. Nada importaba, había que correr, - pero tranquilos es una Regata social, nos decíamos entre los miembros de la tripuleta, - minga regata social, - hay que ganar!, fue la reflexión final. A partir de allí, la labor que íbamos a iniciar se convertía en la última regata de la vida; es cierto, a medida que pasaban los minutos comenzaba a sentirse la transformación de inocentes tripulantes domingueros a gladiadores Romanos, de suaves crisálidas a feroces aviadores, de simples participantes a ansiosos regateros. De seguro esto es así en cualquier barco, a nadie le gusta perder, y menos aún en la competitiva clase J24.
De las once embarcaciones inscriptas ( que se sumaban a las trescientas cuarenta y pico totales) los Jotienses a emprender la lucha eran finalmente 8 en la largada: el Sex Symbol, el Mamey, el Tarkus, el Kamikase, el Luca, el Quinto (ex Movicom), el Peteriby y el Tadeus ( nuestro barco).
En las primeras horas de la mañana nos disponíamos a amarinar el velero y salir con tiempo para observar la cancha, el viento y la línea de largada.
Regatónidas (Dios pagano de las Regatas) nos ponía los primeros obstáculos a superar, había hielo en el antideslizante de nuestro Jotita; luego entonces, al subir al barco parecíamos integrantes del balet estable del teatro Colón, o bien, patinadores del equipo nacional de hockey sobre hielo, en fin todo menos navegantes, tanto es así que nos enteramos a posteriori, que el Señor Juan Savio (tripulante del Sex Symbol) había iniciado los trámites para participar del campeonato Argentino de lucha libre, ya que luego de decir la frase célebre - “Che, ojo que esto resbala mucho” cayó planchado en la cubierta del navío. De cualquier manera, esto hacía presumir que el Sex iba a tener un gran fin de semana, que desde luego, el resto de los “J” nos debíamos encargar de estropearles.
En la semana habíamos ajustado el barco y solucionado muchos de los problemas que tuvimos en las regatas del campeonato de la vela Dorada del Club de Veleros Barlovento el sábado anterior; pero, no revisamos el motor (que muy poco se usa) y obvio, Murphy de por medio, no arrancó ni con la mula.
Por suerte para nosotros, salía del Club Veleros Barlovento, un poderoso velero con motor, el cual gentilmente se prestó a llevarnos por el Luján hasta que tocamos el Río de la Plata.
Usted señor lector se preguntará y “había viento”?, mire no volaban los chanchos pero sí los veleros.
Tocando a veces el agua (exagerado el hombre) fuimos al lugar de largada en donde había barcos de lo que guste, parecía la Expo Náutica 99 en lugar de una regata crucero. Comenzamos a dialogar acerca de la estrategia que íbamos a poner en marcha, y de paso medíamos el viento. - Guau! cuánto?, preguntaba asombrado el irresponsable de la caña; - y... estamos en los 15 nudos con rachas de 20, le contestábamos un tanto ansiosos; pero la peor noticia era que el rumbo hacia la primer marca daba casi de ceñida y las velas taparían el preciado calor del sol.
Todo bien, pero olvidamos un pequeño detalle, estábamos lejos de la lancha y no alcanzamos a ver que la bandera del numeral 6 (que nos correspondía para largar) había sido izada y sólo dos o tres de los J24 habían largado como Dios manda.
- Che, cual es la bandera que está izada?, pregunté ingenuamente, - la de España, contestaba nuestro número tres (que dicho sea, tuvo un fin de semana en donde se la pasó gastando a medio mundo), mientras tanto el proel se metía dentro del barco para verificar en la tablita correspondiente, cual era el numeral que estábamos viendo, – Houston , tenemos un problema, el numeral es el 7. Oh, oh, error, error; el único consuelo era que no habíamos sido los únicos salames del festín, otros barcos, de la clase también, estaban desubicados como hincha de Independiente en la tribuna de Racing. – Pero a quién se le ocurre largar a varias clases juntas, preguntaba el timonel, - no sé pero seguro que Menem lo hizo, le contestaba; - cómo que Menem lo hizo, volvía a inquirir; - si seguro con él empezó, le volvía a responder, - la regata empezó hace 4 minutos para nosotros, y creo que ya estamos fritos, se lamentaba, - y.... bueno, él no hizo todo pero hizo mucho, le volvía a decir; - basta de gansadas corramos por favor. - vamos, vamos, a ponerse las pilas.
Dio así inicio nuestra regata y la de otros 4 o 5 jotianos que también se preguntaban, qué pasó. Creo que lo que pasó es que no miramos la lancha de largada sino a los otros barcos de la clase.
Con este primer traspié, el Sex Symbol, el Tarkus y creo que el Luca o el Peteriby, largaban con la sonrisa a barlovento y obtenían una ventaja de por lo menos tres o cuatro minutos.
El recorrido a cumplir era largar en Núñez , luego dejar por babor la boya 14 del canal Mitre, virar hacia la boya 60.1 del canal Farallón, para finalmente poner rumbo a Colonia dejando la boya del Km 3 del San Gabriel también por babor. La derrota era de pura velocidad de acuerdo a como estaba instalado nuestro amigo el Sud sudoeste, que se había propuesto congelarnos.
Sopla, que sopla, comenzó una regata aparte con el Mamey y el Quinto, estando más atrás el Kamikase que quería darnos caza cual si fuera un Japonés de la segunda guerra mundial. Muy parejos, los tres barcos se prestaban el puesto unos a otros; y la cosa se ponía divertida, veníamos tocando los 8 nudos de promedio y el Quinto orzaba mucho con respecto al supuesto rumbo que debíamos hacer (luego comentando con la timonel Balboa, “nada que ver con Rocky”, nos explicaba, que el rumbo no había sido el correcto puesto que no tenía cargado en su GPS el waypoint correspondiente, mientras que tomaba al encargado de la tarea por el cuello e intentaba ahorcarlo dulcemente. Después del rescate que no realizó Ades sino nosotros, no nos animamos a continuar preguntando y felicitamos a la tripulación por la regata que había hecho, - qué carácter no?).
Delante nuestro y en la primer pierna estaba el Mamey que andaba como un tren, y quería el cuarto puesto como mínimo. Más orzado, el Quinto perdía la posibilidad de luchar hasta la primer marca (y no hagamos más comentarios debido a que tememos por la vida del pobre tripulante).
Comenzamos a orzar y a derivar con las rachas acercándonos muy despacio al Mamey, hasta que estuvimos a la par; luego, notamos que teníamos un poco más de velocidad y provocamos que el Mamey quedara tapado y cayera en nuestra popa.
Se acercaba la marca y el Mamey no aflojaba ni un tranco de piojo rengo; para mejor comenzamos a ver que eran pocos los barcos que izaban spinnaker y el viento crecía (más tarde supimos que las rachas estaban en el orden de los 30 nudos).
Ingresamos a la boya y a derivar se ha dicho, maniobras por instinto más que con la cabeza y sin dudar mucho (porque sino no izábamos), arriba el globo!. Estaba todo estable y el Tadeus tiraba para adelante en una carrera desenfrenada; aveces nos permitía llevarlo y las más de las veces parecía que tenía vida propia. El Mamey mostró las uñas, y más a barlovento que nosotros, barrenaba las olas como tabla de surf; allí logró emparejar nuestra marcha, y ambas embarcaciones iniciaron el show de las guiñadas y los pases. La verdad fue alucinante, al borde del palo hacíamos 14 nudos de velocidad con barrenadas de hasta 16.
Caras de está todo bien, nos daban confianza, pero lo cierto es que conteníamos el aliento y rezábamos para que no se rompa nada. En ese momento divisamos al Tarkus que ya se había ido a la orza y tumbaba, (después nos enteraríamos que rompieron la driza y el tope del spinnaker). Supusimos en consecuencia, que estábamos terceros, pero como no teníamos mucho tiempo para pensar, no importaba otra cosa que disfrutar la regata y pelear con el Mamey.
Luego tumbaba el Mamey e inmediatamente nosotros y más adelante veíamos al Gabrox (holand 23 de nuestro CNQ) que quedaba tumbado también. – Vamos fue una rachita nada más, decía nuestro táctico, - Rachita las papas fritas, imputaba el Timonel colgado del balcón. – Qué divertido, parecemos murciélagos durmiendo colgados del guardamancebos, acotaba nuestro gracioso de turno. - Si no se adriza rápido vamos a parecer un submarino loco, ma que murciélagos, hacía notar mientras me fijaba si no habíamos convertido el quillote en orza.
Luego de lograr continuar navegando, divisamos el inconfundible spinnaker de nuestro archi-rival mezclado entre la flota de punta. – Vamos a buscarlo, fue el grito, y fue así que el esfuerzo de toda la tripulación se convertía en más velocidad para el Tade e intentaba lo que parecía imposible, darle caza al Sex Symbol. Comenzaba una nueva regata, puesto que cuando el Mamey se colocó delante nuestro y nos complicaba, el spi les dijo basta y se rompió en el puño del tope.
Hasta ese momento llevábamos pasados muchos barcos de otras categorías y pensamos que ahora estábamos segundos en nuestra clase y valía la pena atacar. El spi del Sex crecía y crecía y con él nuestro entusiasmo por ganarle. Rogábamos no tumbar y todos los sentidos estaban puestos en darle velocidad a nuestro barco.
El Sex era un misil pero lo veíamos cada vez más grande, tanto que ya podíamos leer el logotipo de sus bandas. Ya los veíamos cabecear, vigilantes de su popa más que de la proa, cuando detectaron que era peligroso el acercamiento. Pero seguía soplando más aún y según nuestro navegante electrónico marcaba que debíamos trabuchar. Había que tomar una decisión difícil, asegurar el segundo puesto o buscar la punta con la posibilidad de tumbar y perder nuestra posición en manos del Mamey, que en ese momento había hecho un cambio del genoa 3 al genoa1 tangoneándolo para suplir la rotura del spi. Tampoco podíamos divisar al Tarkus y al Quinto, que podían ser los barcos más cercanos. Al Peteriby no logré verlo, suponemos que tomó un rumbo más orzado y se mezcló con el resto de la flota; de cualquier manera llegó en el sexto puesto delante del Kamikase y del Luca.
Cruzamos al Cocktel. Si Ud. Señor lector cree que el cocktel es una mezcla de bebidas y nada más, está en un error, el Cocktel, visto de la óptica de nuestra altura, es un barco enorme y en el agua y detrás de uno se ve como un 250 pies con la estropada del Titánic y la proa de una corbeta misilística. Luego de tragar saliva le cruzamos la proa a toda velocidad y los muchachos del Edificio Blanco orzaban apiadándose de nuestra inconsciencia.
Inmediatamente el Sex bajaba el Spinnaker y trabuchaba con el genoa 3, fue en ese instante que nuestros ruegos se dirigían a que se estirara la distancia a Colonia unas 5 millas más, todo ello, por supuesto, para entrar en la lucha directa.
Las olas en la costa Uruguaya se habían convertido en mayores de edad y no nos convencía la aventura de trabuchar con el Spi. Así que, como dijera Bilardo, cuidar el puesto, bajar el globo y disfrutar de las 3.14 horas que demoramos en llegar al puerto de Colonia, cumpliendo así un promedio de 10 nudos.
Ésta fue la regata para nosotros los Jotianos; ya estará próxima la posibilidad de la revancha con el Sex y además también el Mamey cobrará venganza de la rotura de su spi. También tendrán desquite el Tarkus, el Luca y el Kamikase.
Ud. podrá preguntarse... y el Quinto?; ah, al momento de escribir estas líneas, la timonel seguía corriendo al tripulante que no cargó la ruta de la regata en el GPS; sólo esperemos que no lo alcance.
Que se le va a hacer, así es la familia Jotiana.....

Luego la camaradería náutica hacía su mejor labor. Al día siguiente nos reuníamos en la mesa casi todos los J participantes para comentar lo ocurrido y disfrutar del asado Uruguayo.
Como el año anterior, hubo desfile y elección de la Reina de la Colón 99, además, entrega de premios sólo para los primeros de cada clase ya que estaba el recital de los Pericos y el sol bajaba cada vez más rápido. También estuvo presente el sorteo de un automóvil 0 km. y dos relojes, que mire que suerte, quién pudo haber ganado uno de los relojes, siiiiiiii, el mismo Sex Symbol en un inspirado fin de semana.
A la noche nos fuimos a cenar y todo volvió a la normalidad, todos amigos que confraternizábamos como hermanos de clase; claro que esto sólo durará hasta que nos subamos nuevamente a nuestros sacude riñones y nos convirtamos en los enemigos de siempre (en el buen sentido claro).

Final, final, primero el Sex Symbol, segundo el Tadeus, tercero el Mamey, cuarto el Tarkus, quinto el Quinto (valga la redundancia), sexto el Peteriby, séptimo el Kamikase y octavo el Luca.

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